Noches de orquídea
Me acusan de haber malversado el dinero de la República. Tampoco diré cuánto fue, porque las cantidades, cuando pasan por la boca de los jueces, adquieren una obscenidad que no tenían cuando se las utilizaba para salvar a alguien. Sobre una mesa de caoba, bajo el crucifijo de un tribunal, todo dinero parece robado. Pero en Managua, en abril de 1990, aquel dinero tenía otro aspecto. Era gasolina para automóviles sin placas, municiones guardadas en cajas de herramientas, habitaciones alquiladas con nombres falsos, radios que permanecían encendidos toda la noche. Era el sueldo de hombres que vigilaban una puerta detrás de la cual dormía una mujer que se había negado a abandonar su país. No lo hice por Nicaragua. Lo hice por ella. Primera noche La conocí verdaderamente la madrugada posterior a su victoria, aunque ya nos habíamos visto antes en recepciones donde todos son presentados varias veces y nadie llega a conocerse. Aquella noche Caracas todavía conservaba el olor de los incendios de...