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Maricucha: Poética del menosprecio y cartografía de la evasión: la onomástica del personaje, la degradación de Lima y el imaginario estadounidense en No se lo digas a nadie

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Resumen ejecutivo Maricucha ocupa en la primera novela de Jaime Bayly un lugar más complejo que el de la madre beata, clasista y homófoba que se opone a la emancipación sexual de Joaquín. Es, en rigor, una de las piezas mediante las cuales No se lo digas a nadie muestra que la violencia social no se impone únicamente por medio de la autoridad masculina visible, sino también mediante la administración íntima de la culpa, la pureza, la vergüenza y el prestigio familiar. Si Luis Felipe encarna la brutalidad patriarcal en su modalidad directa, Maricucha representa su expresión afectiva y doméstica: no funda el orden, pero lo conserva; no formula su doctrina, pero la convierte en vida cotidiana; no golpea, aunque vuelve moralmente inteligible aquello que golpea. Esta condición simultánea de víctima y agente explica una parte de su espesor crítico, pero no agota el problema de su representación. Mi lectura parte de una sospecha adicional: la novela no se limita a exhibir el universo moral d...

El reino muy, muy cercano de los carruajes encantados

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Había una vez un reino muy, muy cercano donde todos sus habitantes necesitaban una licencia para conducir su propia vida.  En aquel lugar existían dos clases de personas. Unas avanzaban a tracción de sangre: montadas sobre caballos malhumorados, mulas cargadas de fruta y carretas que olían a estiércol cuando hacía demasiado calor.  Las otras poseían carruajes encantados. Eran criaturas de metal con cuatro patas redondas, dos ojos de vidrio y un corazón que despertaba al girar una pequeña llave. Bebían una poción negra y costosa, gruñían al levantarse y podían transportar a sus dueños sin ensuciarles los zapatos. Quienes tenían uno caminaban de manera distinta. Hacían sonar sus llaves al entrar en una habitación y preguntaban, con una naturalidad que a mí me parecía ofensiva: —¿Dónde puedo dejarlo? No estaba prohibido que los jinetes hablaran con los dueños de los carruajes. Sin embargo, mezclarse demasiado podía provocar miradas tan severas que algunos preferían la ejecu...

Me interesé en una basura con alas llamada MD-83

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 A ver, ríete si quieres, pero tengo derecho a contar mi historia porque fue una verdadera cagada. Anda, hazlo. Conocí ese avión cuando ya nadie lo quería. Llegó a mi vida aterrizando desde Bogotá. Todo el mundo le hacía el feo, los operadores de rampa no sabían muy bien cómo manejarlo y, en el aeropuerto, seguramente rompió una que otra norma de ruido. Sentí un poco de pena y me acerqué. Al principio fue curiosidad genuina. Jamás había visto un ejemplar tan extraño. Nunca me pareció guapo. ¡No lo es! Es un avión irregular, barroco, pensé, pero quizá tenía su encanto. Lo miré distraídamente y, cuando lo dejaron abierto, me adentré en él. Penosamente, recorrí de reojo su interior, sentí sus compartimientos y salí. Me despedí nervioso. Él me correspondió el gesto con aquella expresión de persianas abajo que, durante un tiempo, me enloqueció. Lo miraba con interés. Me parecía un incomprendido dentro de su categoría y, para que se sintiera recibido, empecé a aprender sobre él: su ló...

Reclamaciones

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CARTA DE RECLAMACIÓN A quien corresponda: Me llamo Teodoro y he sido uno de sus clientes más asiduos durante toda mi vida. Nunca pedí contratar sus servicios y, hasta donde entiendo, tampoco existe la posibilidad de cancelarlos; aun así, durante años confié en ustedes para recibir recuerdos frescos, cálidos y, en la medida de lo posible, agradables. Sin embargo, desde hace algún tiempo, la calidad de sus productos ha decaído de manera alarmante. Los recuerdos que me envían solo me provocan vergüenza, incomodidad y otra serie de emociones que considero innecesario describir, pues supongo que ustedes, mejor que nadie, conocen su contenido. Además, ¡siempre llegan a destiempo! No existe consideración alguna por mis horarios, mi trabajo ni mi necesidad elemental de dormir. Hace unos días, pasada la medianoche, recibí nuevamente el estúpido recuerdo de aquella ocasión en que una maestra, famosa por mandona e ingrata, me descubrió tocando la puerta de la sala de profesores. Yo pretendía hace...